"Cuánto cuesta de verdad un Big Mac"

El cineasta Morgan Spurlock habla de su vida como conejillo de indias. Spurlock, conectado mediante cables a un ECG (electrocardiograma), padece en sus propias carnes los costes humanos de ese amor apasionado que los estadounidenses sienten por la comida rápida.

Por Brian Braiker

 

Newsweek

Última actualización: 12:42 horas del día 29 de enero de 2004. Enero, 27 – A veces la inspiración le llega a uno en los lugares más insospechados. Después de pegarse el atracón en la cena del día de Acción de Gracias de 2002, Morgan se sentó delante de la televisión, se desabrochó el cinturón y se bajó la cremallera de los pantalones para estar más cómodo. En la tele, pasaban la noticia de dos chicas de Nueva York que querían llevar a McDonald’s a los tribunales porque afirmaban que la comida que vendía las hacía subir de peso y desmejoraba visiblemente su salud. En ese preciso instante, Spurlock, gerente de su propia productora, dice que “se le encendió una bombillita en la cabeza”. Decidió hacer un documental –al principio de breve duración– en el que se sometería a una dieta de comer de menú McDonald’s tres veces al día durante 30 días seguidos para tratar de averiguar las razones por las cuales los estadounidenses están tan gordos.

Después de un año, miles de patatas fritas y decenas de miles de calorías, Spurlock ha logrado por fin meterse un premio en el bolsillo gracias a su película. Con el título Super Size Me, pronunciado con la lengua plantada bien firme en el cachete, dio el bombazo en Sundance la semana pasada, haciéndole ganar el premio al Mejor Director en la sección de documentales, y poniéndolo a la altura de Michael Moore y su documental Bowling for Columbine (Apuntando al corazón). Después de sucesivas visitas periódicas al médico, entrevistas con expertos en comida rápida y charlas con ciudadanos de a pie, el espectador toma asiento de primera fila para ver cómo este cineasta de cuerpo sano y en forma se va zampando todo lo que hay en el menú, va subiendo kilo tras kilo, y va presentando un aspecto –y sintiéndose– peor en cada toma. ¿Y cuál es la respuesta de McDonald’s?

El hogar del Happy Meal ha declinado hacer cualquier comentario al respecto en la película, pero ha emitido declaraciones en las que asegura que su menú ofrece una amplia variedad de comidas, algunas más sanas que otras. Spurlock, de 33 años de edad, habló con Brian Braiker de Newsletter acerca de su viaje salvaje y “engordante” hacia la situación de respiración asistida por triptófanos. Comiste tres veces al día en McDonald’s durante 30 días para hacer este documental. ¿Qué cambios experimentaste en tu cuerpo en esos 30 días?

Fui notando cómo mi cuerpo se desmoronaba poco a poco en el transcurso de la dieta. Empecé a sentirme siempre cansado, a tener dolores de cabeza; el hígado empezó a saturarse de grasa porque esa comida tiene tantas grasas y azúcares. Los niveles de azúcar se me dispararon, el colesterol se salió de madre, la presión sanguínea se volvió incontrolable. Los médicos me decían: “¡tienes que dejarlo ya!”. ¿Viste a más de un médico? Estuve viendo a tres médicos diferentes en el transcurso de la dieta, pues quería que el balance fuera justo y nadie pudiera decir que es que el médico estaba siendo imparcial o no era objetivo. Cada uno de estos profesionales tomó sus propias muestras de sangre, y me aseguré que los laboratorios clínicos que las analizaran también fueran distintos, para que tampoco pudiera achacarse a un error de laboratorio. Todos los cambios que se producen en mi cuerpo a lo largo de esta película se deben al tipo de dieta que he llevado. De modo que absolutamente todo lo que le ha pasado a mi cuerpo es culpa de la comida que estuve comiendo en ese restaurante. No comí nada aparte –ni chicles, ni caramelos, ni siquiera una pastillita de menta–, así que completamente todo lo que comí venía del mostrador de McDonald’s.
 

Julie Soefer

Want fries with that? Director Morgan Spurlock


   

Hasta el agua. No bebí nada de agua fuera del restaurante, para que nadie pudiera decir: “ah, seguro que había algo en el agua que bebió en algún otro sitio”. Sólo bebí agua embotellada comprada en McDonald’s.

¿Cuánto peso ganaste en total?
Aumente casi 25 libras (12 kilos) en un mes.

¿Cómo te sentías al final del mes?
[Risas.] ¡Me sentía fatal! Me sentía tan mal de haber puesto tanto peso tan rápido que hasta las rodillas me dolían. Estaba deprimido. Entonces comía, y pasaba a sentirme tan bien por toda el azúcar y la cafeína y las grasas, tan a gusto. Y una hora más tarde venía el bajón. Empezaba a pegar puñetazos a las paredes, a enfadarme, deprimirme y a sentirme totalmente hundido. Vivir conmigo era un desastre. Mi novia al final empezó a decirme: “Tienes que dejarlo, tío, ya estoy harta.” Te afecta de verdad en tantos aspectos de tu vida que creo que hay mucha gente que no acaba de darse cuenta, son cosas tan sutiles. En el transcurso de la película se van notando esos cambios, y la verdad es que no es nada agradable de ver.

¿Y por qué elegiste McDonald’s? ¿Por qué no Burger King o Subway?
McDonald’s se ha convertido en todo un icono, un símbolo cultural, un fenómeno cultural, y no hay nada que represente más a Estados Unidos y al estilo vida y comida rápida estadounidense que McDonald’s. La cadena cuenta con 30.000 restaurantes en más de 100 países del mundo.

Realmente ha llegado a influir en lo que comemos, en cómo preparamos nuestra comida, e incluso en la forma de comer de otras culturas. Todas estas otras empresas de alimentación han empezado a copiar las formas, a establecer franquicias e incluso a fabricar y distribuir la comida del mismo modo, y McDonald’s es quien dirige todo el cotarro.

Así que para mí, la idea de elegir a McDonald’s entre las demás era clara, se trataba de elegirla como símbolo de todo lo que representa, pues en mi opinión, McDonald’s representa a todas las empresas. Además, yo pienso que es tal la representación que nadie podría realmente establecer la diferencia tanto como McDonald’s. Todo lo que McDonald’s propone es seguido a pies juntillas por todas las demás empresas, de modo que acaba por institucionalizar todos los cambios que propone. Si decidiera suprimir las superporciones, todo el mundo seguro que diría: “flipa, tío, ¿sabes qué? Pues que nosotros tampoco necesitamos las superporciones. Tenemos que marcar la diferencia.” Si McDonald’s decidiera liderar una campaña pro menús sanos, seguro que su campaña cruzaría fronteras.

¿Pero no crees que al final depende de lo que elija cada uno?
Pienso que hay un nivel de elección personal. En ningún momento de la película digo que la comida rápida sea el único problema. En la película lo que hago es analizar muchos factores que derivan en la obesidad epidémica, y la elección personal es uno de ellos. McDonald’s da de comer cada día a 46 millones de personas en todo el mundo –un número superior al de la población total de España–. Estamos hablando de una empresa cuyo impacto es absolutamente descomunal. Si quieres, puedes argumentar lo de la elección personal, pero es lo mismo, ya que si el menú no ofrece opciones saludables, y no contiene ninguna información sobre nutrición de forma que las personas que van al restaurante puedan elegir con conocimiento sobre lo que van a comer, entonces los argumentos acaban siendo muy limitados en algunos sentidos. Además, las campañas publicitarias y de márketing tienen como objetivo prioritario a los niños. Y los niños de edades tan tempranas tienen el coco tan lavado con la imagen del payasito feliz y los Happy Meals y, oh, mira, qué guay, un parque infantil, vamos todos a jugar. Conozco niños cuyos padres nunca les han llevado a comer al McDonald’s, pero si les preguntas cuál es su restaurante favorito te van a contestar que es el McDonald’s –¡y nunca han estado en ninguno!– . La verdad es que da un poco de miedo, ¿no? Todo esto suena bastante al libro de Eric Schlosser, Fast Food Nation.

¿Te estabas refiriendo a eso exactamente?
Fast Food Nation es un libro impresionante y es cierto que lo hemos tenido como referencia mientras hacíamos la película. Eric Schlosser y yo estuvimos mandándonos correos electrónicos el uno al otro, pero la verdad es que nunca hemos llegado a estar conectados, y nunca supuso una verdadera influencia para la realización de este documental. Leí Fast Food Nation cuando salió al mercado hace dos años, y es un libro genial.

¿Y esta idea se te ocurrió el día de Acción de Gracias de 2002?
Así es, ¡menudo año! Desde ahí al momento en que se me ocurrió la idea de participar en el Festival de Cine de Sundance pasó un año exactamente. Todo se me ocurrió el día de Acción de Gracias. Y fue justo el día siguiente a un día de Acción de Gracias también, cuando estando en Oregón con mi novia [Alex Jamieson], en casa de sus padres, despidiéndonos ya para marcharnos, recibí una llamada de Trevor Goth [uno de los principales responsables de la organización de Sundance].

Me dijo: “Felicidades, estás dentro del festival.” Me quedé pensando: “¿Qué dices, tío? No te estarás quedando conmigo, ¿no?”. Es para lo que he estado trabajando todo este tiempo, sobre todo en Estados Unidos, donde este festival es el estandarte de los festivales de cine; es lo máximo. No hay nada mejor que esto en Estados Unidos. Es una sensación increíble pensar que tu película la van a ver personas que van a creer realmente en ella, y hasta donde hemos llegado, la película ha sido bien acogida tanto por la crítica especializada como por la gente de a pie. ¡Menudo viaje de verdad!

Antes mencionaste a tu novia. Ella es vegana, ¿verdad?
[Risas.] Mi novia es vegana, así es. Menuda ironía, ¿verdad? Llevamos juntos algo así como cuatro años y ha estado conmigo desde el principio. Además, también aparece en la película.

¿Cómo llevó ella la situación?
Pues, no le gustaba mucho la idea, y no estaba muy contenta. Pero me apoyó desde el principio. Siempre me ha apoyado tanto a mí personalmente como a las cosas que hago. Y lo que menos le gustaba es que comiera esa clase de comida, pero siempre me decía cosas como: “Mira, entiendo lo que intentas hacer.” Y la verdad es que ha sido maravillosa conmigo de verdad desde el principio, y en la película está muy graciosa.

McDonald’s ha argumentado que la premisa principal de tu película es injusta, y que sus restaurantes ofrecen una variedad muy rica de comidas.

Ya sé que el camino que escogí es uno de los más radicales. Lo otro que me suelen argumentar es que la gente se supone que no debe comer este tipo de comida con tanta frecuencia, así que no es de extrañar que pasen esas cosas tan malas. Pero la cuestión es que hay gente que come ahí todos los días y que toman alimentos llenos de grasa y saturados de azúcares todos los días. O quizá no todos los días, pero sí seis días a la semana o cinco días a la semana. Y si a lo mejor esas personas no notan los resultados de forma tan dramática como yo – pues a lo mejor las cosas no les afectan de forma tan exagerada como a mí en tan poco tiempo– ése es el futuro que les espera a largo plazo si no practican ningún tipo de ejercicio y si no se cuidan lo suficiente. Hay que hacer mucho ejercicio de verdad para quemar las calorías que aporta un supermenú Big Mac. Estamos hablando de unas 1.500 calorías. Cuando se consumen 1.500 calorías, para quemarlas hay que correr el equivalente a 4,5-7,5 kilómetros, o entre 45 minutos y una hora.

La gente ha empezado a compararte con el cineasta Michael Moore. Lo sé, ¿y sabes qué? Que creo que es lo mejor que le puede pasar a una persona que debuta como director de cine como yo. Pero algún día, dirán de Michael Moore que es el primer Morgan Spurlock.
 

Traducido al español por:
ARTETRAD Traducción y Diseño Gráfico
Chúss Fernández Vélez
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English:
 
Tracy Boulian
The Real Price of a Big Mac
Filmmaker Morgan Spurlock discusses life as a  human guinea pig
Spurlock, wired to an EKG machine, learns firsthand the human costs of America’s love affair with fast food
By Brian Braiker
Newsweek
Updated: 12:42 p.m. ET Jan. 29, 2004

Jan. 27 - Sometimes inspiration strikes in the unlikeliest places. After gorging himself on Thanksgiving dinner in 2002, Morgan Spurlock was watching TV with his belt unbuckled and his pants unzipped. On the news was a report about two girls in New York who were suing McDonald’s because, they claimed, the food made them overweight and sick. At one point in the report, recalls Spurlock, a representative for the fast-food chain claimed its food was, in fact, nutritious. It was at that precise moment that Spurlock, who runs his own production company, says “the bells went off.” He decided to make a documentary—his first feature-length film—in which he would, in an attempt to explore why Americans are so fat, eat at McDonald’s three times a day for 30 solid days.

One year, thousands of fries and tens of thousands of calories later, Spurlock has an award-winning film in the can. Titled, tongue planted firmly in cheek, “Super Size Me,” his documentary was a surprise hit at Sundance last week, winning Spurlock the Best Director prize in the documentary competition and drawing comparisons to the work of “Bowling for Columbine” auteur Michael Moore.  With regular visits to the doctor, interviews with experts on fast food and chats with regular folk on the road, the viewer gets a front-row seat as the formerly fit filmmaker eats everything on the menu, packing on the pounds, and looking—and feeling—worse in each successive frame. McDonald’s’ response? The home of the Happy Meal declined to comment in the film but has released statements saying that its menu offers an array of choices, some healthier than others. Spurlock, 33, spoke with NEWSWEEK’s Brian Braiker about his wild, fattening trip since that moment of tryptophan-induced inspiration.

You ate three meals a day at McDonald’s for 30 days for this film. What happened to your body over the course of that month?
My body just basically falls apart over the course of this diet. I start to get tired; I start to get headaches; my liver basically starts to fill up with fat because there’s so much fat and sugar in this food. My blood sugar skyrockets, my cholesterol goes up off the charts, my blood pressure becomes completely unmanageable. The doctors were like “You have to stop.”

Julie Soefer
Want fries with that? Director Morgan Spurlock

 

You saw more than one doctor?
I was seeing three different doctors over the course of this, just so I would really have a fair balance between all the people so nobody could say “oh, it was doctor bias; it was physician bias.” Each of these doctors was doing their own blood tests and each of the blood tests were going to three different labs so there was no way lab error could be an issue. Everything that happens to my body over the course of the film was caused by this diet. And everything that happened to my body was caused by this food that I got at this restaurant. I didn’t eat anything—no gum, no candy, not even a Tic Tac—everything that I put in my mouth came from over the counter at McDonald’s. Even the water. I wouldn’t even drink water from outside, that way there would never be a question that “oh there was probably something in the water somewhere else when he was traveling around.” I only drank bottled water from McDonald’s.

How much weight did you put on?
I put on about 25 pounds in a month.

How did you feel at the end of the month?
[Laughs] I felt terrible! I felt so bad because I put on this weight so quickly my knees hurt. I was so depressed. I would eat, and I would feel so good because I would get all that sugar and caffeine and fat and I would feel great. And an hour later I would just crash—I would hit the wall and be angry and depressed and upset. I was a disaster to live with. My girlfriend by the end was like “You have to stop because I’ve had it.” It really affects you in so many ways that I think a lot of people don’t realize, very subtle little things. Over the course of the film you see my transformation, and it’s not pleasant.

Why McDonald’s specifically? Why not Burger King; why not Subway?
McDonald’s is an icon, a cultural icon, a cultural phenomenon and nothing represents America and the American fast-food way of life more than McDonald’s. The chain has 30,000 restaurants in more than 100 countries on six continents around the world. It has truly influenced how we eat, how food is made and how, really, other cultures are starting to eat. All these other food companies have started to follow suit, from franchising and how they manufacture and distribute their food, McDonald's is a trendsetter. So for me, the idea of picking McDonald's was, one, to pick it as the icon for what it represents. It represents every food, in my opinion; it represents every company. Also in my opinion it represents the one company that more than anybody else could really make a difference. McDonald's could institute change that everyone else would also follow. It could do away with super-size portions and everyone else would say, “Wow, you know what? We don’t need to do this anymore either. We need to make a difference.” If they would truly champion a change for healthier menu option—it would happen across the board.

But doesn’t it boil down to individual choice?
I think there is a level of personal choice. In the film it’s not like I’m saying fast food is the sole problem. In the film we examine a multitude of issues that cause the obesity epidemic, personal choice being one of them. McDonald’s every day feeds 46 million people worldwide—that’s more than the entire population of Spain. You’re talking about one company that has a huge impact. I think that sure you can argue personal choice, but on the same point, if there aren’t healthy menu options available, and there isn’t nutrition information available to people who come there to make a choice about what they’re going to eat, you’re really limiting your argument on some levels. Their marketing and advertising from the very beginning really targets kids. Children from such an early age are just so washed over with the idea of the happy clown and the Happy Meals and, oh, look, there’s a playground, let’s go there for fun. I know kids whose parents have never taken them to McDonald’s, but if you ask them what their favorite restaurant is and they’ll say McDonald’s—and they’ve never even been in one! That’s pretty scary.

This sounds a lot like Eric Schlosser's book “Fast Food Nation.” Did you read that?
“Fast Food Nation” is a tremendous book and was definitely something that we referenced while we were making the film. Eric Schlosser and I were e-mailing one another back and forth but never really connected, and that was not really an influence on my doing the film. I read “Fast Food Nation” when it first came out two years ago, and it’s a great book.

And you had this idea over Thanksgiving in 2002?
Yeah, what an amazing year. From the time that I got the idea to us getting into the Sundance Film Festival was exactly one year. I came up with the idea on Thanksgiving. And it was the day after Thanksgiving, I was in Oregon with my girlfriend [Alex Jamieson] at her parent’s house. We were leaving her parents' house, and I got the call on the phone from [Sundance’s senior programmer] Trevor Groth, and he says, “Congratulations, you got into the festival.” It’s like, “Oh, my God, are you kidding me?” This is everything that you work for, especially in America where this is the marquee film festival; this is the top. It doesn’t get any better than this in the United States. It’s an amazing feeling to have your film viewed as something that people believe in and ever since we’ve come here the film has been so well received from reviewers to just regular folks. God, it’s been such a ride.

You mentioned your girlfriend. She’s a vegan, right?
[Laughs.] My girlfriend is a vegan, yeah. How ironic is that? We’ve been together about four years now—she was there from the beginning. She was in the movie.

How did she handle it?
She wasn’t pleased. She wasn’t real happy. But she was so supportive and she’s always been very supportive of me and the things that I do. This was one of those things she didn’t really like—she didn’t really agree with me eating the food—but she was like, “Listen, I understand what you’re trying to do.” And she was great. She was very funny in the movie.

McDonald’s has argued that the premise of your film is unfair, that its stores offer a wide array of food.
It’s a very extreme route I took. That’s the other argument that’s made: nobody’s supposed to eat this food that often, no wonder all these bad things happen. But the thing is, there are people who go to these restaurants and do eat very heavy fat-laden foods and sugar-laden foods every day. Maybe not every day but six days a week or five days a week. And while they may not get the dramatic impacts that I had—things may not happen at such an exaggerated rate—these things will happen over the long run if they don’t exercise, if they’re not taking care of themselves. You have to exercise a lot to run off a super-sized Big Mac meal. You’re talking about 1,500 calories. You eat 1,500 calories, you have to run for three or four miles, for 45 minutes to an hour.

People have been comparing you to filmmaker Michael Moore.
Yeah, and you know, what better thing to have happen to a first-time director?  But someday they will be calling Michael Moore the first Morgan Spurlock.
 

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